José Luis Neira

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José Luis Neira

Los dolores son pasados

 

El caso de José Luis Neira, es una muestra de lo mucho que la ciencia puede equivocarse. Por causa de un mal diagnóstico, el muchacho soportó dolores durante cuatro años. Dolores tan fuertes que le entumecían los dedos y lo mandaban al hospital. Primero, los médicos creyeron que el problema se resumía en parásitos; luego lo trataron por gastritis, hasta que un buen día – ¿fue realmente un buen día?- se descubrió que padecía algo llamado “hernia hiatal” y necesitaba una operación que su familia no podía pagar.

 

José Luis, hoy de 23 años, fue el primero de los dos hijos de José Neira y Marisol Ordóñez. Creció en Chinandega, “en un hogar normal”. Su madre era ama de casa; salvo las temporadas en que encontraba empleo (alguna vez laboró como vendedora de zapatos en una tienda). Su padre, que solo terminó la secundaria, se dedicaba a lo que saliera. Trabajó administrando la comida de los reos en el sistema penitenciario, en una ferretería y en promoción de créditos. José Luis se crio con su abuela materna.

 

El dolor apareció cuando él tenía catorce años, en el 2004. Fue una serie de punzadas insoportables, agudas, que lo llevaron al hospital, donde le diagnosticaron parasitosis. Sin embargo, los dolores volvieron, más fuertes y más crueles. José Luis, sentía que le mordían, le rasgaban, le estrujaban el estómago. Pero a nadie se le ocurrió que tal vez esa tortura se debía a algo más que parásitos, hasta que un doctor conocido en el pueblo por su bondad y su tarifa de 30 córdobas, le tocó el vientre y aventuró: “Esto puede ser gastritis crónica”.

 

Así, fue tratado como paciente con gastritis, sin mucho éxito, por supuesto, porque lo que él tenía era una hernia hiatal, la cual aparece cuando la parte superior del estómago asciende hasta el tórax a través de un pequeño orificio del diafragma. Se la diagnosticaron en el Hospital Militar, de Managua, tras realizarle una endoscopía alta. “Mis ácidos gástricos fluían todo el tiempo. Eso me provocaba un dolor constante y con el paso del tiempo iba a ser peor”, cuenta.

 

Había pues que operarlo. Y, por destino o por providencia, en esos días su madre escuchó acerca de las brigadas médicas de las Fundación Coen. “Será una cirugía cara”, dijo el doctor que la atendió. Doña Marisol, entendió que los gastos serían asumidos por la familia y fue a hablar con su esposo. Decidieron que venderían la casa.

 

“Pero la Fundación iba a cubrir todos los gastos. El 23 de julio del 2008 me operaron en el complejo Betania, en Chinandega. La operación duró 40 minutos. Me explicaron que mi caso era el primero en Chinandega y la técnica que usaron es muy novedosa. Se llama laparoscopía”, comenta José Luis.

 

Actualmente José Luis, trabaja en una famosa ferretería y está cerca de culminar la carrera de Contabilidad. Este es su último año en la universidad. Y afirma: “Desde la operación hasta esta fecha no he vuelto a visitar a un médico. Ahora tengo una vida normal. Esa experiencia dura me ayudó a madurar y a ser una persona más espiritual. Valoro más la vida… Le doy gracias a Dios porque pasó”.

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