Roger Antonio Estrada

Roger Antonio

 

Róger Antonio Estrada

Pasión por la electromedicina

 

Roger Antonio Estrada quiere ser ingeniero en electromedicina. Tiene 34 años y desde hace 17 años trabaja para el Ministerio de Salud (Minsa). Llegó como técnico electricista y al poco tiempo se fue interesando por desentrañar el funcionamiento de esos aparatos que con mucha dificultad consiguen los hospitales y de cuyo funcionamiento depende, en muchas ocasiones, la vida o la muerte de un paciente.

A través de sus manos recobran vida nebulizadores, succionadores, monitores cardiacos, electrocardiogramas y otros aparatos que se descomponen y que, generalmente, quedaban inservibles en las bodegas del hospital España, donde trabaja, o debían mandarse a reparar al exterior. Sin embargo, no siempre se pueden reparar con la preparación en electricidad que posee y por ello decidió especializarse en electromedicina.

Sin embargo, encontró dos serios problemas: en Nicaragua no hay una carrera con esa especialidad y la pobreza de su familia no le permite irse a estudiar al extranjero. Supo entonces que había seminarios que impartía en Managua el Centro de Capacitación Profesional Nicaragüense Alemán (CECNA) y realizó el primero con mucha dificultad. “El primer curso que pasé lo costeé yo, pero viajar a Managua era costoso. La mensualidad costaba 500 córdobas. Conseguimos una media beca por el Minsa Central. Lo que yo gastaba era el pasaje, mi comida, los folletos. Sábado a sábado era de 330 a 350 córdobas”.

Roger Antonio es hijo de un mecánico industrial que llegó a Chinandega a reparar maquinaría agrícola durante los años de auge del algodón en Occidente, y su mama, una ama de casa chinandegana, que administraba una pulpería pequeña en el Reparto La Florida.

Durante el primer curso de electromedicina dice haber pasado muchas dificultades para costearse su movilización con los Cinco mil córdobas que ganaba para ese tiempo, y que debían servir para mantener a su mujer y dos hijos.

Para el segundo curso decidió buscar ayuda en Fundación Coen. Mandó una carta y le aprobaron una beca mediante la cual le pagan los gastos de alimentación, transporte, y folletos del curso.

“Fundación Coen ha apoyado muchos chinandeganos”, dice ahora, mientras corresponde al apoyo, ayudando en la Fundación con trabajos de electricidad que se realizan de vez en cuando. “Yo estoy muy agradecido, y cada vez que me llaman para algún rumbo, aquí estoy”, dice.

Su próxima meta es estudiar Ingeniería en Electromedicina, una carrera que no se imparte en Nicaragua, por lo que debe buscar cómo hacerla en El Salvador o Costa Rica.

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